Nadie quiere revelar el contenido de sus email

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Al ir navegando en Internet podemos ir dejando, a veces inconscientemente, un rastro de información valiosa, alimentando el trabajo de personas dedicadas a la recolección de esa información, los metadatos pueden revelar tanto o mas que el contenido de las comunicaciones y su interceptación constituye una invasión grave a la privacidad.

No funciona de la manera que la mayoría podríamos pensar, como que el gobierno podría estar escuchando muestras llamadas, cuando sucedió lo del caso Snowden al saber que la Agencia de Seguridad de Estados Unidos (NSA) espiaba sistemáticamente las llamadas de sus ciudadanos, su presidente, Barack Obama salió a decirles que “nadie estaba escuchando sus llamadas”, porque el sistema no funcionaba así, y que lo que hacía el gobierno era cribar a través de los metadatos de esas llamadas. Dijo que la información que obtenía el gobierno no incluía el contenido de esas comunicaciones.

Lo que no se le dijo a la poblacion es que los metadatos son de mucha importancia, casi tanto como el resto de esas comunicaciones. Como advierten muchos expertos, es una invasión grave a la privacidad y castigado con hasta 4 años de cárcel en algunos países como en España.

Los metadatos son datos que describen otros datos, suena curioso pero asi es. También se puede referir a la información que se genera cuando los usuarios usan tecnologías digitales. Por ejemplo, en el caso de un email o una llamada, son metadatos el horario, la fecha en que se envió y la localización desde que se conectó el usuario la última vez, entre otros. Esta información no revela el contenido de las comunicaciones, sino de las transacciones electrónicas para establecer las llamadas. Algunas veces podemos evitar que nuestro uso de un programa o aplicación recoja este tipo de información, pero otras veces no es posible. Esos datos existen y deberían ser protegidos.

Es tanta la información que se puede obtener y la web I know where your cat lives demuestra cómo podemos ser localizarnos geográficamente, con un margen de error inferior a 8 metros, gracias a los metadatos que generan las fotografías que subimos a nuestras redes sociales.